CONVIVENCIA

Estándar

La convivencia es un asunto difícil. Incluso cuando convives con tu familia, que es algo inevitable, personas a las que quieres y con las que has convivido siempre, surgen problemas. Cuánto más cuando se trata de compañeros de piso: personas con las que no tienes vínculos sanguíneos, con los que no has convivido antes, que quizá no conoces en profundidad… es muy común que surjan problemas, y aprender a convivir puede convertirse en todo un arte.

Yo he sido muy afortunada, durante mis años viviendo en Barcelona he vivido prácticamente siempre con las mismas chicas. Nos conocimos en la facultad, hicimos buenas migas, y desde el segundo año decidimos mudarnos juntas y desde entonces hemos compartido piso. Ha sido fabuloso, de hecho nos convertimos en mejores amigas, aunque claro está hemos pasado nuestras dificultades en ciertos momentos como es perfectamente normal. Pero puede decir que compartíamos muchísimos momentos: “movie nights”, fiestas en el apartamento (no demasiadas), tardes en el sofá, ir juntas al cine o al teatro, confesiones en la cama por la noche, series de televisión de madrugada… en fin, que comparando con las experiencias de convivencia que he escuchado por ahí, las mías han sido verdaderamente estupendas.

Sin embargo, este año ha sucedido algo inexplicable. Es el primer año que no vamos a la universidad juntas (las chicas hacen un màster y yo trabajo) y de pronto hemos dejado de compartir momentos. Todo empezó por, al tener diferentes horarios, dejar de compartir mesa a la hora de las comidas. Era imposible pues cuando una salía las otras llegaban. A partir de entonces nos fuimos distanciando, y un par de discusiones sobre el contrato del piso (que pensamos abandonar este año) fueron el clímax que acabaron en un silencio absoluto -y cortante- entre nosotras. No sé como hemos dejado llegar a este punto, que apenas nos decimos hola, y sin querer han empezado a surgir las malas caras, las cerradas de puertas, el vacío… en fin, no quiero entrar en detalles pues probablemente cada una de nosotras tenga una manera de ver las cosas, un punto de vista, y la mía sólo sería una interpretación de los hechos..

El caso es que esta mañana, mientras estaba en el gimnasio he estado pensando. La verdad es que en Julio (a finales) todas abandonaremos el piso. Somos de ciudades diferentes así que es probable que no nos volvamos a ver. De pronto, sentí una profunda pena al pensar, que después de haber convivido tantos años, de haber forjado experiencias tan bonitas, el recuerdo que quede al cerrar esta puerta para siempre sea el de haber vivido con dos personas con las que no me dirigía la palabra.

La verdad es que hace tiempo tengo ganas de sentarme y pedirles una conversación. Pedirles que me digan qué creen que nos ha pasado. Si he cometido algún error, que yo creo que no, o si simplemente han dejado de gustarle compartir conmigo (ellas siguen estudiando juntas, siempre tienen cositas de las que hablar de clase, en las que no me pueden incluir). Pero nunca me he atrevido. No sé por qué, tengo miedo, tengo miedo a que no les interese tanto como a mí la amistad y vean esa “conversación” como un acto sin importancia.

Pero hoy he decidido hacerlo. Me hinché de valor y bien. ¿el resultado? Valoración positiva. Conclusión: 6 meses de malos entendidos, de interpretar a la otra persona de manera errónea, de creer “a ella no le preocupo” y de no “atreverse” a charlar.

En fin, ahora espero que al cerrar la puerta de nuestro apartamento, lo que primen sean los buenos recuerdos de todos estos años, y que esta última época sea uno de estos nubarrones de verano en Barcelona.

Estoy muy orgullosa. Creo que he sido valiente. Creo que he hecho lo que debía.

Gracias

 

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About casinoviembre

Soñadora aficionada. Licenciada en traducción e interpretación (inglés, chino) Licenciada en estudios de Asia Oriental (China) Apasionada por todo lo que me rodea. Cine, Asia, Literatura, Idiomas, Salud, Ecología, Actualidad, Gente

3 responses »

  1. Etapas de la vida, capítulos que se cierran, libros que se comienzan a escribir. A mí también me dan pena las despedidas de este tipo. Sobre todo porque a veces los reencuentros se complican.

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