Mi tercera vez, ¿el desengaño?

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Voy a pasar unos días fuera así que he decidido comentar un poco sobre la tercera vez -y última- que estuve en Beijing.

Esta vez, como os comentaba, no fue todo tan fantástico como la primera vez, ni como la segunda, más bien lo contrario. Sin embargo, he de decir, que fue una muy grata experiencia.

Decidí inscribirme en un curso que durase todo el verano (desde junio hasta septiembre) y esta vez me inscribí en un curso de la universidad que se conoce como Beiyu ( 北京语言大学), the Beijing Language and Culture University. Durante los meses que duraron los preparativos intenté encontrar algún trabajo que pudiese compaginar y todas las ofertas que encontré me sugirieron una entrevista al llegar allí.

Precisamente el día que llegué a Beijing (ya familiarizada con el transporte desde el aeropuerto, cómoda con el idioma), por la mañana decidí instalarme. En mi habitación vivía una chica Vietnamita que no se mostró demasiado entusasismada con mi presencia como nueva compañera de habitación. A continuación, después de hacer todos los trámites burocráticos que te exigen en la universidad (fotos, pasaporte, carnet de estudiante, blablabla, que los que vivís en China ya sabéis que van lentos y consisten en ir de un edificio a otro sin parar y dar mil vueltas para al final tener algo sencillo hecho) , decidí ir al servicio técnico para que me instalaran internet. Primer problema. Fue imposible. No sabría explicaros el motivo pero el caso es que iba a pasar el verano (y lo pasé) sin internet en mi habitación. En la universidad tampoco había wi-fi, sólo podía utilizar el de una cafetería (lo cual implica consumir).

Ese mismo día, recibí un correo de una academia de español de reconocido prestigio en el que me proponían hacer una entrevista para realizar unos cursos de verano de español, 4 horas diarias intensivas. Asistí, me aceptaron y acepté el trabajo. Así que mi día a día consistía en asistir a clase de 8 a 12 (nivel C, bastante difícil), luego correr hasta Chaoyang (me llevaba una hora y pico llegar) sin comer, preparar fotocopias para mis clases. Impartir clases de 14.00 a 18.00. Regresar a casa casi a las 8. Si era afortunada, todavía algún compañero de clase no había cenado y me invitaban a unirme. Sin embargo, no me demoraba mucho y regresaba a mi habitación a preparar mis clases (estudiar caracteres y vocabulario) y las que tenía que impartir el día siguiente.

Esto, junto con el calor de Beijing en agosto, el aburrimiento soporífero de las clases de mandarín que consistían en una persistente repetición de frases, la locura del transporte público, la frialdad ocasional de la gente, hizo que mi visión idealizada de la vez pasada se esfumara.

Evidentemente, viví cosas magníficas. Impartir clases de español a ese grupo de alumnos fue fantástico, tanto la institución como los alumnos me trataron estupendamente, aprendí muchísimo, y todos lo disfrutamos. Conocí gente estupenda, especialmente un par de chicas italianas con vocación por China (ahora viven en Beijing) y que siempre contaban conmigo y me apoyaban en mi situación, mi compañera de habitación sino-canadiense (me cambiaron a la vietnamita en dos semanas) que me presentó a muchísima gente y me acompañó cada fin de semana, la experiencia de pasar mi última semana en una familia china en Tianjin (conocía a una chica de Tianjin que me invitó a pasar unos días en su casa, y fue estupendo, me comuniqué realmente bien con la familia) Y, en general, sentirme capaz de comunicarme, trabajar, estudiar en China hizo que me sintiese realmente satisfecha.

A lo que me refiero con desengaño, es que vivir en Beijing a largo plazo no es estar sentado en la terraza con una cerveza, disfrutando de una buena conversación con otros sinofilos. Las cosas también pueden ser complicadas, ni mejor ni peor que llevar una vida laboral en cualquier otro país.

Ahora, tengo que decidir a dónde iré la próxima vez.

Beijing tiene sus puntos positivos:

– Me conozco la ciudad

-Tengo bastantes amigos viviendo allí

– Contactos laborales

– Se habla mandarín (aunque he de decir que no entiendo demasiado el acento local)

Pero también sus negativos:

-Es una ciudad inmensa grande bulliciosa

-Es gris

-El clima es terrible

-A veces es fría

-Se puede uno llegar a sentir muy solo

Gracias,

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About casinoviembre

Soñadora aficionada. Licenciada en traducción e interpretación (inglés, chino) Licenciada en estudios de Asia Oriental (China) Apasionada por todo lo que me rodea. Cine, Asia, Literatura, Idiomas, Salud, Ecología, Actualidad, Gente

7 responses »

  1. Yo llevo casi un año en Tianjin y lo odio. Me gusta mas Beijing, pero básicamente por amigos, la ciudad es exageradamente grande para moverse. A la próxima espero poder caer en Hong Kong, que állí sí que tengo media vida montada =)

    • Pues la tortilla esa para desayunar de Tianjin es deliciosa. Los sitios, además de sitios, lo hacen la gente de la que te rodeas. Nunca he ido a Hong Kong, pero intuyo que me encantaría no sé por qué.

  2. Yo he pasado un par de veces por Beijing y aunque la experiencia ha sido positiva me pareció un lugar muy duro para vivir, especialmente por el clima, que es soleado muy pocas veces al año según cuentan mis amigos. Una ciudad un tanto gris que va afectando a ánimo. No obstante tiene muchas ventajas, como tú dices, y si vuelves una vez más todo debería ser más fácil porque has ido conociendo más la ciudad.

    Ahora que mencionáis Hong Kong en los comentarios, es una ciudad que a mí me encanta, y el mandarín va ganando presencia con los años. Si puedes considerar este destino y tienes la oportunidad de encontrar las mismas condiciones de trabajo que en Beijing, no lo dudaría.

    Saludos

  3. A mí no me gusta demasiado Pekín. Aunque sólo he estado unos días allí, se me antojó una ciudad demasiado inhóspita, una auténtica jungla de asfalto. Aunque Shanghai también es monstruosamente grande, no me dio esa sensación asfixiante de la capital.

    La ciudad de mi marido es de 7 millones de habitantes. Una miniatura en comparación…

  4. Pues Pekín es gris, gris, gris y más gris, creo que es el peor problema de esta ciudad, porque sin darte cuenta es algo que afecta tu estado de ánimo…demasiado concreto, demasiada contaminación y con un clima tan seco y brusco, no la hacen de los sitios más agradables para vivir, sin embargo, sorprende día tras día, he llegado a la conclusión que un día puede ser un horror de lugar y al otro te hace sentir en casa…

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