Mi segunda vez: Beijing – First sight love

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Going to Beijing

Going to Beijing

Dejadme que os cuente mi segunda experiencia en China, que fue tan sólo 9 meses después de mi experiencia laboral en Guangzhou. Imaginad la fuerte impresión y marca que había dejado China en mí, que en cuanto tuve la oportunidad decidí volver. Esta vez era agosto, había acabado mi tercer/cuarto año en la Universidad, y, sin tener la oportunidad de volver a trabajar (de hecho me volvieron a pedir que hiciese de intérprete en MAyo, pero ocurrió aquello del volcán, se aplazó el viaje, me coincidía con exámenes, y buscaron a otra persona), decidí apuntarme a un curso de idioma y aventurarme. Busqué por internet alguna Universidad, y sin saber muy bien qué tipo de universidad era, me inscribí en un curso de mandarín en Beiwai. Pedí que me dieran residencia, el precio era bastante permisivo (7 euros x noche) y allí me fui. Ahora me sorprende mi valentía, no conocía a nadie y fui completamente sola.

Fueron sólo 5 o 6 semanas las que estuve en Beijing, pero tengo incontables anécdotas de ese viaje. Y no voy a entrar porque sería soporífero, y la mayoría de los que me leéis ya sabéis qué se siente cuando uno llega por primera vez a China, y os podéis imaginar más que de sobra cuales fueron mis sensaciones.

En todo caso, hay varias cosas que hicieron de mi experiencia algo remarcable, y que causaron que me enamorase de Beijing. En primer lugar, la gente que conocí. Beiwai es una universidad de lenguas, y por lo tanto muchos extranjeros van a sus cursos para aprender chino. Allí, entré en contacto con otras personas en mi misma situación (no sé si podéis imaginar lo incomprendida que una se puede sentir en España cuando hace estudios de Asia Oriental, que la mayoría de gente ignora que son unos estudios). Conocí gente magnífica, con intereses y una vitalidad y unas ganas de vivir aventuras semejantes a las mías. Quizá fue fruto de la casualidad (más tarde conocí extranjeros tan poco interesantes como cualquier persona que se pueda conocer en todas partes), pero tres personas de ese viaje se han convertido en mejores amigos de por vida. Personas que no me imaginaba que existieran. Gente con ganas de vivir, de conocer mundo, de aprender de otras culturas, de respetar otros lugares por cómo son. Gente capaz de enamorarse de un olor, de unas calles sucias, de una señora encantadora que con 80 años recoge botellas usadas porque gana unos yuanes reciclándolas.

Evidentemente, ese fue sólo un factor que hizo de esta segunda vez, una experiencia maravillosa y que perdurará el resto de mi vida en mi memoria. Beijing me encantó, básicamente por sus contrastes, fascinantes, casi paradójicos. Centros comerciales inmensos, hoteles de cinco estrellas, en medio de un hutong donde un pobre campesino intenta vender la última cosecha de melocotones en un carro al que le falta una rueda. Un empresario saliendo de un Starbucks y parándose a comprar una tortilla en un puesto callejero, de una señora que lleva batiendo huevos bajo los 40º del sol de agosto durante toda la mañana. Un carrefur, al que, para llegar, tienes que cruzar un puente inmenso donde niños venden lagartos, serpientes y arañas en tupperwares.

lunch time

lunch time

Era la primera vez que comía platos chinos de verdad, y me encantaron. Cada día en el comedor de la universidad, Simone y yo pedíamos judías verdes con ajo y guindilla, o brócolli con arroz, o una especie de pancake, o los jiaozis de ajos tiernos (jiucai he jitan) y huevo. Mi plato favorito, sin duda, disanxian, berenjena salteada con pimientos y patatas. Y los panes de los restaurantes de inspiración uigur. Todo, por un euro, o dos, diarios. Y de postre, un helado de leche.

Recuerdo que cada noche, tras haber sido acribillada por picaduras de mosquitos mientras me tomaba una cerveza enfrente la Xiaomaibu (la tiendecilla de la universidad) con mis compañeros de clase, volvía a la habitación pensando que ese día había sido genial, que había aprendido un montón, que había hablado chino con el conductor del autobús, que había sabido cómo volver de la librería de Xidan yo sóla. Contenta, porque no sabía con qué me iba a sorprender China al día siguiente.

China -y Beijing en ese momento- tenía la capacidad de sorprenderme cada día. Nada era indiferente u monótono. Evidentemente, todos pensaréis, que estaba haciendo un curso de verano, rodeada de gente, viviendo en una ciudad nueva, haciendo turismo, y era como estar de vacaciones. No os equivocáis.

A pesar de que tuve la fortuna de que me metieron en un curso para personas de origen chino que saben hablar con fluidez pero no escriben demasiado bien (con lo cual el nivel era bastante alto y aprendí muchísimo), que duraba cuatro horas diarias y me exigía otras cuatro aproximadamente de estudio (sí, el sistema chino es bastante exigente); es verdad que mi situación era peculiar, y no todo es oro lo que reluce. Pero para eso tuve que volver al año siguiente, que será un post titulado algo así como Mi tercera vez: Beijing, el desengaño. Aunque sigo enamorada de Beijing y de China, quiero dejar constancia de eso, fue muy diferente cuándo tuve que estar allí no sólo estudiando, pero también trabajando, sin tiempo para esas cervezas para deleite de los mosquitos, y sin esa compañía tan grata que me premió la primera vez en Beijing.

Learning Mandarin

Learning Mandarin

Obviamente, me dejo muchas cosas en el tintero. Pero el blog no se acaba ni hoy, ni mañana, y estoy segura que podré volver atrás y contar alguna anécdota que merezca la pena.

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About casinoviembre

Soñadora aficionada. Licenciada en traducción e interpretación (inglés, chino) Licenciada en estudios de Asia Oriental (China) Apasionada por todo lo que me rodea. Cine, Asia, Literatura, Idiomas, Salud, Ecología, Actualidad, Gente

7 responses »

  1. Me acaban de entrar unas ganas increíbles de irme contigo a China…
    Yo, lo que echo de menos de Dalian es las noches en los tenderetes bebiendo cerveza y comiendo mianbao(s) riquísimos…
    Haces que me vuelvan las ganas de irme lejos… Quizás tardo un poco en ir, pero espérame 😀

  2. Me quedo con ganas de leer ese tercer post! mi experiencia sin duda es muy diferente, creo que nunca tuve fase de enamoramiento aunque sí adoro la sensación que produce sentir que aprendes algo nuevo y además, tan complejo. En otra cosa también coincido plenamente, creo que Beijing es una ciudad que tiene esa capacidad de sorprender, para bien o para mal, cada día puede darte una imagen completamente diferente al del anterior

  3. Hola!! Que blog mas chulo!!!

    Me pongo en contacto contigo, porque nos falta tu direccion de e-mail para que demos por valida tu participacion en el sorteo, mandame un e-mail o dejame un comentario en mi blog con tu correo y asi podremos darte tu participacion.

    Besos, Lizy.

  4. Genial tu post, estare en Beijing de marzo a julio del proximo anho y me esta sirviendo de mucho conocer tu experiencia por alla.

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