Monthly Archives: Maio 2011

Chaparrón inesperado

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¡ Vaya! ¡Y tan inesperado!

A pesar de tener la firme intención de levantarme para ir al gimnasio, tenía un terrible dolor de pies (ayer me puse unas sandalias viejas para caminar dos horas y me salieron unas cosas en la planta de los pies horribles), renuncié. Invertí la mañana de una manera poco prolífica: ya se sabe, radio, periódico, blogs. Ducha, alisarme el pelo (para la foto de mi segunda ORLA) y me fui a sacarme la foto y acto seguido a la clase de meditación que nos daba nuestro profesor de Civilización Tibetana para finalizar el curso.

La clase estuvo bien, yo ya conocía los ejercicios del año pasado, y no me vino mal relajarme un poco para lo que me esperaba después. El trabajo más emocionante de todas las tareas que he hecho como parte de la beca de colaboración de la autónoma. Tuve que participar en una mesa redonda sobre Antropología, interpretando (al oído) del castellano al inglés para un profesor americano que imparte clases de antropología en la Universidad de Hong Kong: Gordon Mathews.

He de decir que fue una ardua tarea. Para empezar, me avisaron con un día de antelación. Además, no tengo conocimientos sobre el tema. La interpretación la debía hacer de manera simultánea mientras los ponentes hablaban para que el profesor Mathews se enterara y luego sus intervenciones fueran coherentes. Y para acabar, se terminó con un debate abierto con el público lo cual complicó mi tarea.

A pesar de que estaba nerviosa, pasé ansiedad, sudores fríos, stress.. creo que desempeñé mi tarea de manera bastante satisfactoria. Teniendo en cuenta la falta de práctica y experiencia, que me hayan soltado así en una Mesa redonda demuestra la confianza que mi jefe tiene en mi, lo cual agradezco, y me ha cargado las pilas. El profesor Gordon quedó bastante satisfecho, me agradeció mucho la labor y me dijo “you did a great job”. Así que he vuelto hoy muy contenta.

La interpretación es una de las actividades relacionadas con mi profesión que más me gustan. A diferencia de la traducción, es mucho más dinámica, y, sobretodo, social. Implica la intervención-relación con  gente. Además, incluye algo que siempre me ha encantado, la “interpretación”, es decir, cuando interpretas, actúas. Te tienes que meter en un papel. Si el ponente quiere convencer, tu tienes que mostrar convicción, por muy en desacuerdo que estés. Esto te presenta la oportunidad de vivir experiencias de todo tipo, variopintas y pintorescas. De vivir,de alguna manera, vidas diferentes cada día.

Por lo pronto, me ha crecido un interés por la antropología apabullante. Ya me había llamado y había leído cosas antes, pero la conferencia resultó ser interesante en algunos aspectos que desconocía. Además, he aprendido mucho, otra de las ventajas de la interpretación, que mientras trabajas, aprendes. Y he aprendido que soy capaz de hacer algo nuevo. Sí, había interpretado antes, en ámbito empresarial–comercial, y en las prácticas de la carrera, pero nunca en una conferencia pública. Nunca te irás a la cama sin saber algo nuevo.

 

Gracias a todos,

reminiscencias baleares

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Acabo de regresar de pasar un fin de semana estupendo en Mallorca. Nunca había estado, y una de mis compañeras de clase y buena amiga me ha invitado a pasar el fin de semana con su familia, en Palma y en su casita en Port Colom.

Ha sido fantástico. En primer lugar, ya que estoy lejos de mi familia, sentir el calor de la suya me ha sentado magníficamente. Son una familia muy acogedora y me han recibido como un miembro más, he estado muy a gusto.

Yo en Palma

Yo en Palma

Por otra parte, el sonido del mar, la arena, el sol. Lejos de internet, televisión, prensa, radio. Sólo con libros  y compañía humana cargada de buena conversación me ha hecho desconectar por completo. He cargado las pilas y he venido renovada.

 

buena compañía

buena compañía

Sorprendentemente, he comido bien, lo cual, teniendo en cuenta mi estado anímico-físico de los últimos meses ha sido todo un logro. Coca de trampó, bizcocho de chocolate, helado de almendra, cerezas, pan de centeno, vamos, un lujo.

Gastronomía mallorquina

Gastronomía mallorquina

 

Y sobretodo, a pesar de que íbamos para celebrar el cumpleaños de mi amiga, he sentido mucho cariño por parte de mis amigos. Todo el mundo ha sabido comprender que todavía no sé qué voy a hacer, que no tenían que preguntar, que simplemente estar ahí y disfrutar el momento todos juntos, bien fuera jugando al cluedo, a las cartas, bañándonos en la playa, o charlando hasta bien entrada la madrugada sobre temas diversos.

Mañana, como parte de la beca de colaboración, tengo que hacer una interpretación -consecutiva- en una Mesa redonda del castellano al inglés, y estoy bastante emocionada. Sí, también nerviosa, pero creo que va a ser una buena experiencia.

 

¡Gracias!

Mi tercera vez, ¿el desengaño?

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Voy a pasar unos días fuera así que he decidido comentar un poco sobre la tercera vez -y última- que estuve en Beijing.

Esta vez, como os comentaba, no fue todo tan fantástico como la primera vez, ni como la segunda, más bien lo contrario. Sin embargo, he de decir, que fue una muy grata experiencia.

Decidí inscribirme en un curso que durase todo el verano (desde junio hasta septiembre) y esta vez me inscribí en un curso de la universidad que se conoce como Beiyu ( 北京语言大学), the Beijing Language and Culture University. Durante los meses que duraron los preparativos intenté encontrar algún trabajo que pudiese compaginar y todas las ofertas que encontré me sugirieron una entrevista al llegar allí.

Precisamente el día que llegué a Beijing (ya familiarizada con el transporte desde el aeropuerto, cómoda con el idioma), por la mañana decidí instalarme. En mi habitación vivía una chica Vietnamita que no se mostró demasiado entusasismada con mi presencia como nueva compañera de habitación. A continuación, después de hacer todos los trámites burocráticos que te exigen en la universidad (fotos, pasaporte, carnet de estudiante, blablabla, que los que vivís en China ya sabéis que van lentos y consisten en ir de un edificio a otro sin parar y dar mil vueltas para al final tener algo sencillo hecho) , decidí ir al servicio técnico para que me instalaran internet. Primer problema. Fue imposible. No sabría explicaros el motivo pero el caso es que iba a pasar el verano (y lo pasé) sin internet en mi habitación. En la universidad tampoco había wi-fi, sólo podía utilizar el de una cafetería (lo cual implica consumir).

Ese mismo día, recibí un correo de una academia de español de reconocido prestigio en el que me proponían hacer una entrevista para realizar unos cursos de verano de español, 4 horas diarias intensivas. Asistí, me aceptaron y acepté el trabajo. Así que mi día a día consistía en asistir a clase de 8 a 12 (nivel C, bastante difícil), luego correr hasta Chaoyang (me llevaba una hora y pico llegar) sin comer, preparar fotocopias para mis clases. Impartir clases de 14.00 a 18.00. Regresar a casa casi a las 8. Si era afortunada, todavía algún compañero de clase no había cenado y me invitaban a unirme. Sin embargo, no me demoraba mucho y regresaba a mi habitación a preparar mis clases (estudiar caracteres y vocabulario) y las que tenía que impartir el día siguiente.

Esto, junto con el calor de Beijing en agosto, el aburrimiento soporífero de las clases de mandarín que consistían en una persistente repetición de frases, la locura del transporte público, la frialdad ocasional de la gente, hizo que mi visión idealizada de la vez pasada se esfumara.

Evidentemente, viví cosas magníficas. Impartir clases de español a ese grupo de alumnos fue fantástico, tanto la institución como los alumnos me trataron estupendamente, aprendí muchísimo, y todos lo disfrutamos. Conocí gente estupenda, especialmente un par de chicas italianas con vocación por China (ahora viven en Beijing) y que siempre contaban conmigo y me apoyaban en mi situación, mi compañera de habitación sino-canadiense (me cambiaron a la vietnamita en dos semanas) que me presentó a muchísima gente y me acompañó cada fin de semana, la experiencia de pasar mi última semana en una familia china en Tianjin (conocía a una chica de Tianjin que me invitó a pasar unos días en su casa, y fue estupendo, me comuniqué realmente bien con la familia) Y, en general, sentirme capaz de comunicarme, trabajar, estudiar en China hizo que me sintiese realmente satisfecha.

A lo que me refiero con desengaño, es que vivir en Beijing a largo plazo no es estar sentado en la terraza con una cerveza, disfrutando de una buena conversación con otros sinofilos. Las cosas también pueden ser complicadas, ni mejor ni peor que llevar una vida laboral en cualquier otro país.

Ahora, tengo que decidir a dónde iré la próxima vez.

Beijing tiene sus puntos positivos:

– Me conozco la ciudad

-Tengo bastantes amigos viviendo allí

– Contactos laborales

– Se habla mandarín (aunque he de decir que no entiendo demasiado el acento local)

Pero también sus negativos:

-Es una ciudad inmensa grande bulliciosa

-Es gris

-El clima es terrible

-A veces es fría

-Se puede uno llegar a sentir muy solo

Gracias,

Un sol y buenas noticias

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El calor, el sol, además de traerme una tensión muy baja (5-8) y un mareo constante y riesgo de desmayo permanente (mi salud aún no está en su punto álgido, también me ha traído buenas noticias.

Hoy no tengo mucho tiempo para escribir, entraré más en detalle, pero tras varias entrevistas y reuniones de trabajo parece que tendré ocupación laboral (al menos durante el verano) y lo mejor ¡ con la lengua china!

Os contaré más detalles cuando sea 100 % definitivo, pero estoy muy muy contenta y no podía esperar a compartirlo con vosotros.

Gracias por todo,

Adriana

Choque Cultural

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En este blog, como en los blogs que leo con más asiduidad (desde que mi compañera de piso me presentó Google Reader, la lectura de blogs ocupa muchísimo tiempo en mi vida), a menudo escribimos sobre las diferencias culturales entre Asia y Occidente que más nos impactan, o nos sorprenden.

Sin embargo, hoy me he levantado a eso de las 7 de la mañana (sigo teniendo una especie de insomnio) y he decidido ir al gimnasio (a eso de las 10) y el domingo (electoral) tan desierto me hizo recordar uno de los choques culturales Tui (Galicia) – Barcelona  que más me impactaron en su momento cuando me mudé a vivir aquí.

A menudo en películas, libros, revistas, internet escuchaba constantemente declaraciones de gente que decía “odio los domingos”. Era una frase común, pero siempre fuera de mi círculo, y era incapaz de comprenderlo, porque los domingos, en mi pueblo (en realidad no me atrevo a decir en toda Galicia) es el día de la semana con más bullicio y más vitalidad. Desde primera hora de la mañana las calles se llenan de gente en sus mejores galas. Ellos aseguran que van a “misa” aunque dejadme que os diga, es más una oportunidad para lucirse y hacer vida social que otra cosa. Yo nunca voy, obviamente, pero desde mi ventana se puede escuchar el cotarro. A las 12, cuando acaba la misa, los adultos se toman un vermut, o una caña en las terrazas del pueblo, y los niños invaden las tiendas de chuches (sí, sí, por la mañana, es tradición) y juegan en las calles peatonales hasta que sus padres deciden que es hora de hacer la inmensa cola que hay en la panadería Julio (“la panadería” por excelencia) que puede llegar al final de la calle. Al mediodía la gente se retira a casa de sus suegros o padres para la típica comida de domingo, y el pueblo se queda desierto hasta las 6 de la tarde. A las seis de la tarde, el bullicio está en su punto álgido y dura hasta que anochece. Los niños juegan en los parques, los adolescentes pasean comiendo pipas y se preparan para entrar en la discoteca light que abre a las 7, los más mayores – 30 años- quedan para tomar una tónica o un agua con gas, recuperarse de la resaca y comentar la noche anterior, los abuelos van a la misa de la tarde y pasean por “la corredera” (la calle peatonal) arriba y abajo, arriba y abajo.

Catedral de Tui (Galicia)

Catedral de Tui (Galicia)

Fuente de la foto:

Obviamente todos los bares están abiertos,  las tiendas de chuches a rebosar, algunos supermercados incluso (y no pakis).

Os podéis imaginar mi sorpresa al llegar aquí. Nunca me imaginé que sería posible encontrarse cafeterías cerradas un domingo, a veces me cuesta encontrar un sitio donde quedar. Las tiendas de chuches cerradas ¿dónde se compran las pipas? Las calles desiertas.

Menos mal que todo esto cambia un poco en verano. Ahora el barrio de Gràcia, donde tengo la fortuna de vivir, ya se llena de jóvenes que inundan las plazas. Es agradable. Y los helados.

Que tengáis un buen domingo. Fuente de la foto

Tui

Tui

Insolacion mistica

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Hoy tendría que hablar de mi tercera vez en China, que fue en Beijing. Pero me he dado cuenta que esta tercera vez fue también mi última, de momento, y no quiere que se me acabe el tema de China tan pronto. Tendréis que aguantar este post en el que os quiero comentar un pequeño detalle (no me quiero enrollar demasiado, mañana tengo el HSK, y he de descansar).

En primer lugar, para los aficionados al cine japonés, me gustaría recomendar la película que vi anoche, el verano de kikujiro, tierna y conmovedora, con un toque indie y surrealista. Un cóctel genial.

Verano de kikujiro

Verano de kikujiro

Bueno, y lo siguiente, algo que hablamos ayer en clase de Civilización tibetana, que por cierto, fue la penúltima clase. El tema versó sobre un libro llamado “El libro de los muertos tibetano” y es una de las obras tibetanas más conocidas, ¿por qué? Porque trata sobre uno de los temas que, inevitablemente, a todos interesa por su universalidad. La muerte (un tema que genera fascinación, junto con la vida y el sexo, temas intrínsecamente humanos).

No pretendo, ni por asomo, presentar el libro de forma dogmática, más bien lo contrario, pero a modo de curiosidad me gustaría comentar un par de cosas. Según el libro de los muertos tibetano -inciso: que como sabéis pertenece a la literatura de buddhismo tántrico, que creen en una vida después de la muerte, un renacimiento- , cuando morimos, antes de volver a renacer (no simplemente como persona, se puede renacer como cualquier cosa, como simplemente energía), tenemos un sueño. Me explico, según esta obra, cuando dormimos, estamos en un estado de consciencia en el que se suceden sueños. Esto lo sabemos todos. Cuando soñamos, salvo ciertas excepciones, no somos conscientes de que estamos soñando, y vivimos el sueño como si fuera real, ¿no? De acuerdo. Estos sueños pueden ser agradables, o pesadillas, y normalmente se basan en el día y experiencias vividas el día anterior. También dependiendo del tipo de sueño que tengamos, nuestro día siguiente puede ser mejor o peor ¿Nunca os habéis levantado alegres porque habéis tenido un sueño delicioso? O, todo lo contrario, ¿que un mal sueño os haya amargado el café del desayuno?. Pues bien, según esta obra, cuando morimos tenemos un sueño así. La diferencia es que, en vez de ser un sueño basado en las experiencias de un día, es un sueño que se basa en las experiencias de toda una vida, y por eso es muy muy intenso.

El libro da una serie de “recetas” o “entrenamientos” para que en ese momento, la persona que muere, sea capaz de tomar consciencia de que ese es simplemente un sueño. Que no es real. Que lo ha de disfrutar como si fuese una película de su vida. Además, da unos trucos para que ese sueño, si es malo, no te afecte a tu vida futura.

¿Curioso, no? Quiero decir, no es fantástico, que un libro juegue con la analogía del sueño y la muerte? ¿No sería fabuloso que cada noche pudiésemos contemplar nuestros sueños como si fuesen simplemente cortos humorísticos de nuestra vida? Sin sentir miedo, o preocupación, cuando son malos?

Evidentemente, es pura ficción, y si no lo es, no se sabe, ni se sabrá. En lo que sí me ha hecho pensar mucho esta presentación del libro es del poder del sueño. Me refiero a que, me parece increíble el poder que tiene nuestra mente (somos sólo nosotros, nadie más) para crear imágenes tan intensas (en los sueños) que nos las creeamos y las vivamos como ciertas. ¿No sería genial poder manipular los sueños, poder controlarlos? Sé que es una fantasía común a todos los seres humanos, pero no deja de fascinarme. El caso es que algunas técnicas de meditación, que no tienen nada que ver con la religión, ni nada dogmáticas, aseguran que con cierto trabajo se puede crear una especie de sueño, controlado. Se parte de una técnica de meditación muy básica y común, la visualización, que consiste en intentar visualizar algo como si fuese una fotografía. Por ejemplo, la cara de tu hermano o hermana. Te concentras e intentas verla con toda la nitidez. Algunos meditadores aseguran que con la práctica puedes visualizar paisajes, escenas, con tanta intensidad como la de los sueños. Yo he probado el paso básico, y no soy capaz, así que no me atrevo a decir que sea posible.

Pero en todo caso, me encantaría.

Gracias por leerme.

Adriana

Mi segunda vez: Beijing – First sight love

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Going to Beijing

Going to Beijing

Dejadme que os cuente mi segunda experiencia en China, que fue tan sólo 9 meses después de mi experiencia laboral en Guangzhou. Imaginad la fuerte impresión y marca que había dejado China en mí, que en cuanto tuve la oportunidad decidí volver. Esta vez era agosto, había acabado mi tercer/cuarto año en la Universidad, y, sin tener la oportunidad de volver a trabajar (de hecho me volvieron a pedir que hiciese de intérprete en MAyo, pero ocurrió aquello del volcán, se aplazó el viaje, me coincidía con exámenes, y buscaron a otra persona), decidí apuntarme a un curso de idioma y aventurarme. Busqué por internet alguna Universidad, y sin saber muy bien qué tipo de universidad era, me inscribí en un curso de mandarín en Beiwai. Pedí que me dieran residencia, el precio era bastante permisivo (7 euros x noche) y allí me fui. Ahora me sorprende mi valentía, no conocía a nadie y fui completamente sola.

Fueron sólo 5 o 6 semanas las que estuve en Beijing, pero tengo incontables anécdotas de ese viaje. Y no voy a entrar porque sería soporífero, y la mayoría de los que me leéis ya sabéis qué se siente cuando uno llega por primera vez a China, y os podéis imaginar más que de sobra cuales fueron mis sensaciones.

En todo caso, hay varias cosas que hicieron de mi experiencia algo remarcable, y que causaron que me enamorase de Beijing. En primer lugar, la gente que conocí. Beiwai es una universidad de lenguas, y por lo tanto muchos extranjeros van a sus cursos para aprender chino. Allí, entré en contacto con otras personas en mi misma situación (no sé si podéis imaginar lo incomprendida que una se puede sentir en España cuando hace estudios de Asia Oriental, que la mayoría de gente ignora que son unos estudios). Conocí gente magnífica, con intereses y una vitalidad y unas ganas de vivir aventuras semejantes a las mías. Quizá fue fruto de la casualidad (más tarde conocí extranjeros tan poco interesantes como cualquier persona que se pueda conocer en todas partes), pero tres personas de ese viaje se han convertido en mejores amigos de por vida. Personas que no me imaginaba que existieran. Gente con ganas de vivir, de conocer mundo, de aprender de otras culturas, de respetar otros lugares por cómo son. Gente capaz de enamorarse de un olor, de unas calles sucias, de una señora encantadora que con 80 años recoge botellas usadas porque gana unos yuanes reciclándolas.

Evidentemente, ese fue sólo un factor que hizo de esta segunda vez, una experiencia maravillosa y que perdurará el resto de mi vida en mi memoria. Beijing me encantó, básicamente por sus contrastes, fascinantes, casi paradójicos. Centros comerciales inmensos, hoteles de cinco estrellas, en medio de un hutong donde un pobre campesino intenta vender la última cosecha de melocotones en un carro al que le falta una rueda. Un empresario saliendo de un Starbucks y parándose a comprar una tortilla en un puesto callejero, de una señora que lleva batiendo huevos bajo los 40º del sol de agosto durante toda la mañana. Un carrefur, al que, para llegar, tienes que cruzar un puente inmenso donde niños venden lagartos, serpientes y arañas en tupperwares.

lunch time

lunch time

Era la primera vez que comía platos chinos de verdad, y me encantaron. Cada día en el comedor de la universidad, Simone y yo pedíamos judías verdes con ajo y guindilla, o brócolli con arroz, o una especie de pancake, o los jiaozis de ajos tiernos (jiucai he jitan) y huevo. Mi plato favorito, sin duda, disanxian, berenjena salteada con pimientos y patatas. Y los panes de los restaurantes de inspiración uigur. Todo, por un euro, o dos, diarios. Y de postre, un helado de leche.

Recuerdo que cada noche, tras haber sido acribillada por picaduras de mosquitos mientras me tomaba una cerveza enfrente la Xiaomaibu (la tiendecilla de la universidad) con mis compañeros de clase, volvía a la habitación pensando que ese día había sido genial, que había aprendido un montón, que había hablado chino con el conductor del autobús, que había sabido cómo volver de la librería de Xidan yo sóla. Contenta, porque no sabía con qué me iba a sorprender China al día siguiente.

China -y Beijing en ese momento- tenía la capacidad de sorprenderme cada día. Nada era indiferente u monótono. Evidentemente, todos pensaréis, que estaba haciendo un curso de verano, rodeada de gente, viviendo en una ciudad nueva, haciendo turismo, y era como estar de vacaciones. No os equivocáis.

A pesar de que tuve la fortuna de que me metieron en un curso para personas de origen chino que saben hablar con fluidez pero no escriben demasiado bien (con lo cual el nivel era bastante alto y aprendí muchísimo), que duraba cuatro horas diarias y me exigía otras cuatro aproximadamente de estudio (sí, el sistema chino es bastante exigente); es verdad que mi situación era peculiar, y no todo es oro lo que reluce. Pero para eso tuve que volver al año siguiente, que será un post titulado algo así como Mi tercera vez: Beijing, el desengaño. Aunque sigo enamorada de Beijing y de China, quiero dejar constancia de eso, fue muy diferente cuándo tuve que estar allí no sólo estudiando, pero también trabajando, sin tiempo para esas cervezas para deleite de los mosquitos, y sin esa compañía tan grata que me premió la primera vez en Beijing.

Learning Mandarin

Learning Mandarin

Obviamente, me dejo muchas cosas en el tintero. Pero el blog no se acaba ni hoy, ni mañana, y estoy segura que podré volver atrás y contar alguna anécdota que merezca la pena.