Arquivo por meses: Xuño 2011

Nublado bochornoso

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Estoy muy nerviosa. Según se acerca el día de las entrevistas para las becas, me late el corazón con fuerza, y estoy ansiosa. Mi cerebro no deja de procesar posibles preguntas y posibles respuestas. Intento imaginarme allí sentada ante un tribunal. La ropa que voy a llevar. Si voy a dar la talla.

Menos mal que tengo grandes personas apoyándome. Mi médica me dijo: pide que te quieran. Lo mejor de todo es que no me ha hecho falta pedirlo. Simplemente ciertas personas están ahí. Mi pececillo favorito, asegurándose que me alimento cada miércoles, mis vecinos que me invitan a sus fiestas, mi portero, mis exprofesores que me mandan emails con grandes recomendaciones, consejos y ánimos. Mi madre, que me ha enviado un paquete sorpresa por MRW. Mis amigos desde sitios remotos: francia, china, que a través de redes sociales, emails, msn, me demuestran que confían en mi.

El tiempo ayuda. El calor. El sol. Soy meteopata. La luz me hace sonreir.

Gracias.

 

Un sol surrealista

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Hoy he ido a mi médica de cabecera.

He salido con conocimiento de mi tensión arterial (6-8) y una receta con semillas (lino, sésamo, girasol y calabaza; dos cucharadas al día). Además, me ha dicho que he de escribir un diario todos los días.

Desde luego, la atención sanitaria pública está cambiando. Ha sido surrealista, pero mi doctora me encanta. Se acerca a mi salud de una manera muy diferente a todos los demás.

Quizá no escribo un diario, que para algo tengo un blog.

Qué tengáis un buen día.

P.S: He visto “12 hombres sin piedad” y “sospechosos habituales”, ambas películas altamente recomendables.

P.S.S: Estoy leyendo “Adiós, Shanghai” sobre los judíos que se exiliaron a Shanghai durante el periodo nazi, un tema que desconocía. Me está gustando.

la belleza de lo desconocido

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De todos es sabido que a veces resulta más sencillo charlar con un extraño que con personas que conoces de toda la vida. Los desconocidos no esperan nada de ti, porque no te conocen, por lo tanto, no hay lugar para la decepción, para las sorpresas. El desconocido parte de cero.

Últimamente me he sentido rodeada de gente pero a la vez, muy sola e incomprendida. Esas personas que me conocen desde hace tiempo se han mostrado sorprendidas o confundidas ante mi repentino malestar emocional. Incapaces de entender por qué me resulta tan difícil tomar decisiones, por qué me resulta tan difícil vivir sin las obligaciones y las responsabilidades y la “rutina” que ha llevado mi vida durante los últimos años.

Querer decidir bien, tener miedo a equivocarse, podría resultar fácil de comprender, pero esas personas a mi alrededor mantienen un, eso sí, bienintencionado, “no te preocupes”, “todo irá bien” , “haz lo que quieras”.

 

El hecho de querer marcharme, de querer irme a otra parte, a China, vivir allí también resulta un tanto conflictivo para los “demás” especialmente los más allegados. ¿Qué se te ha perdido en la China? ¿Por qué eres tan adicta a huir, a irte a tantas partes? ¿No tienes ganas de echar raíces, de establecerte? ¡ NO ! ¡ Pánico!

Soy una persona terriblemente contradictoria. Tengo miedo a tomar decisiones, porque temo al fracaso. Sin embargo tengo miedo a la rutina y monotonía, a la vida de una mujer con una vida profesional satisfactoria, pero igual cada día, sin intensidad, sin altibajos. Por eso quiero irme. Quiero vivir aventuras y experiencias. Quiero no saber qué esperar de cada día. Quiero llegar a la cama y pensar… madre mía, ¡cuántas cosas diferentes he aprendido hoy! . Lo sé. Apunta al fracaso y es utópico, infantil. Pero si no lo pienso con 23 años (a punto de cumplir 24), si no sueño ahora con eso… ¿lo haré con 40? creo que es mucho más peligroso que con 40 años esté tan cansada de haber desaprovechado oportunidades me entren ganas de dejarlo todo y decidir entonces experimentar. Entonces quizá podría echar mi vida a perder.

 

Sin embargo ahora, no tengo nada que perder.

Resulta inmaduro, ¿no?

Empieza el verano, y sigo esperando por China

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He estado ajetreada estos días. Me han convocado para una entrevista para unas becas, y tengo un montón de investigación que hacer para defender mi candidatura.

Hoy me he tomado el día de relax, he quedado y me he encontrado de repente respondiendo a la pregunta de ¿por qué te gusta tanto China? ¿Qué es lo que tanto te atrae?

Y entre muchos enredos, dificultad para expresarme, titubeos, acabé diciendo que es la sensación de que ningún día puede ser igual. De que no existe monotonía en China.

La persona que me escuchó  me hizo reflexionar. La monotonía existe en todos los lugares, cuando tu vida se vuelve monótona.

Ais.

 

CHINA: mis miedos

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Obviamente tomar la decisión de mudarme a vivir a China cuando haya acabado mi trabajo de verano ha sido una decisión que ha conllevado ciertas tesituras. Si bien estoy completamente segura de querer hacerlo, ilusionada y entusiasmada, he de reconocer que también tengo mis miedos. Supongo que son naturales y que todo el mundo se enfrenta a este tipo de miedos en situaciones así: miedo a no encontrar trabajo, un hogar confortable en el que vivir, sentirse solo, no acabar de adaptarse… etc.

Tengo la ventaja de haber estado en China antes y sé a lo que me enfrento. También tengo la ventaja de que mis padres me han “lanzado” al mundo en numerosas ocasiones desde pequeña a que me sacara las castañas y aprendiese a ser un poquito independiente, y eso me ha convertido en una persona bastante valiente y no soy de esas que estar lejos de casa les supone un infierno.

Sin embargo, tengo un miedo respecto a China que supera cualquier otro, y aún así no me hace renunciar a mi decisión. Lo que más miedo me da es, una vez encontrado trabajo, vivienda, rutina, mi supermercado favorito, mi bar para desconectar, una vez me haya familiarizado con los autobuses de mi barrio, el metro, una vez la mujer del puesto de la calle ya me reconozca al pasar, lo que más miedo me da es seguir siendo una outsider.

Creo que ya lo he explicado en numerosas ocasiones, en mi blog y en los comentarios de los que me leéis y es que en China siempre me he encontrado con la sensación de ser un “bicho raro” alguien que no forma parte del grupo. No os confundáis, tengo amigos locales, y buenas relaciones con ellos, pero aún así hay una especie de barrera infranqueable que no sé muy bien como describir que diferencia esas relaciones con las relaciones que tengo con amigos de otros países. Si voy a China, quiero hacerlo plenamente. Ya, ya sé que mi cara es occidental y eso no va a cambiar y siempre será la cara de una extranjera, pero mi amiga Youkyong tiene cara de una coreana y es 100% catalana y en ningún momento la siento “de fuera” por su cara. Me gustaría que en China a mi me sucediese lo mismo. Es decir, ser una más. Y, por mis experiencias, eso puede llegar a ser difícil.

Por supuesto algo básico es querer integrarse, es el primer paso y lo tengo. He estudiado Estudios de Asia Oriental y además siempre he intentado estar informada, documentarme, al día con la actualidad en Asia. Es decir, primero conocer y aprender todo lo posible. Por otra parte, siempre que he estado en China he intentado adaptarme y no soy para nada ese tipo de personas que cuando van a un lugar siguen manteniendo sus mismos hábitos alimenticios, frecuentan restaurantes de sus países. Todo lo contrario: en Roma, como los romanos. Si allí lo que gusta es salir a un Karaoke, pues voy a un karaoke y consigo que me guste. Consigo que me guste la música local, y las películas locales, me encanta rodearme de gente en una calle concurrida, sentarme en las mesas de plástico y con las cervezas Yanjing comiendo mantous recién salidos de las brasas. Esfuerzos todos. El idioma. No os podéis ni imaginar la pasión con la que estudio el idioma y lo intento poner en práctica.

Aún así, en mis pasadas ocasiones, nunca he roto la barrera por completo. ¿Entendéis a lo que me refiero?

¿Algún consejo? ¿Consideráis que lo lograré esta vez?

Sunny Taipei

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Respecto a mi plan del año que viene de mudarme a China, sigue en pie.

Tenía sobre la mesa algunas cartas, que se correspondía con diferentes ciudades, y hemos estado hablando de Beijing. Aunque soy consciente de las desventajas de esta gran ciudad, creo que ahora mismo es la mejor opción, ya que en mi situación me conviene tener a algún conocido cerca y en Beijing es donde está la mayoría de gente que conozco. Y no tiene por qué estar mal empezar por ahí. Me conozco la ciudad, me se mover… sólo para dar unos pasos en sólido, nada definitivo.

Sin embargo no descarté de golpe todas las posibilidades, de hecho, había una que me tentaba mucho, demasiado: Taipei.

No voy a entrar en  la discusión sobre si puedo referirme a Taipei como uno de los planes para irme a “China” , en todo caso, sí que consideré Taipei como uno de mis destinos en “Asia” para evitar malos entendidos.

La razón principal es que a través del tàndem entré en contacto con muchos taiwaneses, y siempre me resultó fácil congeniar con ellos. Además, uno de mis mejores amigos se mudó a Taipei hace un año y ya no piensa volver, lo cual dice mucho de lo encantado que está.

Bubble tea, tropical, un lugar verde, mar. Cosmopolita. Ajetreado. En movimiento. Modernidad. Moda.

Todos los que habéis estado en Taipei antes, ¿qué os sugiere esta ciudad?

No sé si Taipei será donde me establezca, pero por lo pronto he aceptado, en el camino a Asia, hacer una paradita y detenerme unos días para conocer la ciudad desde el bajo-estudio en el que vive un gran amigo, que se ha ofrecido a enseñarme lugares recónditos en la moto que recién ha conseguido.

Tengo la sensación de que, en parte, integrarme en Taipei sería más fácil, porque una de las cosas que de verdad me preocupan sobre Beijing el año que viene, es no ser capaz de integrarme de verdad, de sentirme parte de la ciudad, de sentirme siempre un “outsider”. Esto me ha pasado siempre en China, aunque mis experiencias han sido mucho más que positivas (tal y como demuestra mi ansia por volver), nunca he llegado a sentirme parte de China, y es algo que, de verdad, me gustaría lograr.

 

Gracias.

Claros, nubes (mi otro vicio)

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El otro día os comentaba algo de mis adicciones. Aquella vez el protagonista era el café. Hoy os voy a hablar de otra. Más grave, y preocupante.

He de decir, a modo de contexto, que me considero una persona concienciada con la alimentación. En mi casa siempre nos han impartido una educación alimenticia muy buena, y a mi madre siempre le ha preocupado mi nutrición. Evito absolutamente todos los alimentos industriales, en su mayor medida los procesados, azúcares, refinamientos… en fin. Sigo una dieta compaginando las bases de la macrobiótica y sobre asentamientos vegetarianos (salvo excepciones) dentro de lo que mi economía estudiantil me lo permite. Intento consumir productos locales, biológicos, no alterados ni modificados genéticamente.

Pues bien, mi otro vicio es… las ¡nubes! sí, sí, por paradójico que pueda parecer, las nubes de gominola. Algo que va totalmente y radicalmente en contra con todos mis “ideales”. Sé que son malas, terribles, pero me siento totalmente adicta a ellas. Lo he probado todo. Tirar las que tengo en casa, prometerme no comprar más… y nada… siempre que voy a la calle, cuando paso por una tienda de gominolas, lucho contra mi interior… me intento detener con todas mis fuerzas… pero no es posible. entro y me compro una o dos nubes. Mis favoritas, además, no son las típicas marshmallows sencillos, no. A poder ser, que estén recubiertos de chocolate o coco. Y cuánto mejor si el chocolate es de ese rosa. ¿Os lo podéis creer?

Yo no lo entiendo, soy incapaz de comerme un croisant del mercadona pensando que es puro veneno para el cuerpo y luego como estas cosas. ¿Alguna sugerencia para dejarlo? Ayer Anna me dijo que este tipo de productos tiene substancias adictivas. Estoy convencida, por que no encuentro otra explicación…

El mayor problema es que ahora que me alimento tan mal porque mi estómago es psicosomático y no digiere bien, y los nervios me están jugando una mala pasada, la adicción a las nubes es terrible. Quiero decir, me como una nube, que me ensucia el estómago y me quita el hambre. La nube no me aporta nada nutricionalmente hablando, y todavía impide que coma algo más saludable.

Bueno, en el próximo post, volveremos sobre China. Simplemente quería escribir porque quizá si os prometo que no volveré a sucumbir nunca más … lo logro! para que luego digan que no lo he probado todo!

 

¡Gracias!

CONVIVENCIA

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La convivencia es un asunto difícil. Incluso cuando convives con tu familia, que es algo inevitable, personas a las que quieres y con las que has convivido siempre, surgen problemas. Cuánto más cuando se trata de compañeros de piso: personas con las que no tienes vínculos sanguíneos, con los que no has convivido antes, que quizá no conoces en profundidad… es muy común que surjan problemas, y aprender a convivir puede convertirse en todo un arte.

Yo he sido muy afortunada, durante mis años viviendo en Barcelona he vivido prácticamente siempre con las mismas chicas. Nos conocimos en la facultad, hicimos buenas migas, y desde el segundo año decidimos mudarnos juntas y desde entonces hemos compartido piso. Ha sido fabuloso, de hecho nos convertimos en mejores amigas, aunque claro está hemos pasado nuestras dificultades en ciertos momentos como es perfectamente normal. Pero puede decir que compartíamos muchísimos momentos: “movie nights”, fiestas en el apartamento (no demasiadas), tardes en el sofá, ir juntas al cine o al teatro, confesiones en la cama por la noche, series de televisión de madrugada… en fin, que comparando con las experiencias de convivencia que he escuchado por ahí, las mías han sido verdaderamente estupendas.

Sin embargo, este año ha sucedido algo inexplicable. Es el primer año que no vamos a la universidad juntas (las chicas hacen un màster y yo trabajo) y de pronto hemos dejado de compartir momentos. Todo empezó por, al tener diferentes horarios, dejar de compartir mesa a la hora de las comidas. Era imposible pues cuando una salía las otras llegaban. A partir de entonces nos fuimos distanciando, y un par de discusiones sobre el contrato del piso (que pensamos abandonar este año) fueron el clímax que acabaron en un silencio absoluto -y cortante- entre nosotras. No sé como hemos dejado llegar a este punto, que apenas nos decimos hola, y sin querer han empezado a surgir las malas caras, las cerradas de puertas, el vacío… en fin, no quiero entrar en detalles pues probablemente cada una de nosotras tenga una manera de ver las cosas, un punto de vista, y la mía sólo sería una interpretación de los hechos..

El caso es que esta mañana, mientras estaba en el gimnasio he estado pensando. La verdad es que en Julio (a finales) todas abandonaremos el piso. Somos de ciudades diferentes así que es probable que no nos volvamos a ver. De pronto, sentí una profunda pena al pensar, que después de haber convivido tantos años, de haber forjado experiencias tan bonitas, el recuerdo que quede al cerrar esta puerta para siempre sea el de haber vivido con dos personas con las que no me dirigía la palabra.

La verdad es que hace tiempo tengo ganas de sentarme y pedirles una conversación. Pedirles que me digan qué creen que nos ha pasado. Si he cometido algún error, que yo creo que no, o si simplemente han dejado de gustarle compartir conmigo (ellas siguen estudiando juntas, siempre tienen cositas de las que hablar de clase, en las que no me pueden incluir). Pero nunca me he atrevido. No sé por qué, tengo miedo, tengo miedo a que no les interese tanto como a mí la amistad y vean esa “conversación” como un acto sin importancia.

Pero hoy he decidido hacerlo. Me hinché de valor y bien. ¿el resultado? Valoración positiva. Conclusión: 6 meses de malos entendidos, de interpretar a la otra persona de manera errónea, de creer “a ella no le preocupo” y de no “atreverse” a charlar.

En fin, ahora espero que al cerrar la puerta de nuestro apartamento, lo que primen sean los buenos recuerdos de todos estos años, y que esta última época sea uno de estos nubarrones de verano en Barcelona.

Estoy muy orgullosa. Creo que he sido valiente. Creo que he hecho lo que debía.

Gracias

 

Tiempo impropio

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Desde luego, no parece Junio, en Barcelona. Claros y nubes, nubes y claros.

Seriamente tengo que empezar a superar ciertas adiciones.

No fumo, no consumo drogas y no bebo (ocasionalmente, si salgo con amigos, quizá me tomo una cervecita) pero desde luego no tengo de esos típicos vicios.

Sin embargo, tengo otros, que tengo que superar y no sé cómo. Primero el café.

Me volví adicta al café con 5 años creo, y todo por culpa de mi abuela, a quien quiero con locura. Nos queremos tanto, y me cuidó tanto cuando era pequeña, que cuando ella se tomaba su cafelito después de comer me daba la última cucharada del poso donde residía todo el azúcar (mi abuela pone una cucharada de azúcar en el café y no lo remueve). Así fue pues como comenzó mi adición, porque asocio el sabor del café a la infancia, al cariño familiar, al rico azúcar (aunque yo no pongo azúcar en el café ahora). Mis padres, los dos son muy cafeteros, es algo a lo que no renunciarían nunca, así que siempre les he visto desayunar café, tomarse café a media mañana, después de comer. Ese aroma impregna mi casa. No tardé mucho en desayunar café con leche, que por otra parte también era mi merienda de pequeña, aunque con poquito café. El colacao nunca ha sido una gran parte de mi vida. Así evolucionó la cosa hasta que un buen día el año pasado me di cuenta que me tomaba unos seis cafés diarios. Una persona tan nerviosa como yo (aunque tengo la ventaja de tener la tensión baja) desde luego no se beneficia de esta adicción. Además, no me sirve cualquier café. Tengo un paladar bastante adoctrinado en cuanto a los cafés y este paladar mío me ha salido un tanto gourmet, lo cual no ayuda a mi economía.

Últimamente, por razones obvias he superado este vicio. Sólo consumo una cafetera diaria, de casa, y floja (antes tomaba varios cafés expresso fuera), y es de las pequeñitas. Me lo tomo con leche de soja. Me ha costado mucho renunciar al café, y he de reconocer que hay días que estoy deseando que acaben para poder tomarme el café de la mañana siguiente, que es el único momento del día en el que me permito el café. Órdenes estrictas del médico.

He de agradecer la colaboración que ha tenido en la superación de esta adición los tés. Soy una verdadera aficionada a los tes y las infusiones (sin teína) que es lo que me tomo cuando me entra el “mono”. Especial atención merecen los aromáticos tes de Inés Berton, que me han cambiado la vida. No por otra parte mi economía, que sigue siendo igual de mala, ya que mi paladar exquisito por el té, también, no acepta tés en sobres del Mercadona, sino que los prefiere a granel, aromáticos, naturales, biológicos, de tiendas especializadas como Thealosophy, The Tea Shop, o Mariage Frères.

Llovizna mojabobos

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Hoy tengo que escribir para dar las gracias .

Me he levantado temprano y finalmente conseguí plaza en mi curso intensivo de verano de Coreano. Estoy emocionada.

Gracias a Youkyong (la pez plátano) que me ha acompañado esta mañana y ha comido conmigo en el Macrobiotic Zen, uno de mis futuros restaurantes favoritos. Con You, conversaciones sobre planes futuros, siempre hace que sienta un repentino entusiasmo, ganas de mejorar y hacer cosas. Me encanta escuchar sus [adj.] historias

Gracias a mamá, que ha estado una hora al teléfono escuchando todo lo que le quería contar.

Gracias a los amigos que han estado ahí trabajando para intentar inmortalizar el momento final de la carrera de Asia Oriental con una foto en el Jardín Zen de la UAB.

Estoy muerta. Agotada. Me he levantado a las 7, por cierto el polen que me recetó el médico es terriblemente asqueroso. Mañana trabajo, así que no me puedo extender.

Pero en mi próximo post os escribiré una oportunidad y una aventura que me ha surgido en Taipei, de la mano de un gran amigo que ya es todo un expat en la ciudad de Formosa.

 

Gracias